Escribe tu cuento y inspírate  

UN NUEVO AMIGO

 

Javiera Carrasco Campos (IHL)

 

        Había una vez en una pequeña granja, donde el sol salía de las montañas y se veía perfectamente su brillo tan peculiar, que alegraba a todos los animales y personas que habitaban en esa granja.

       Bueno, en esa granja había un gallo muy sencillo y extraordinariamente bueno con los que lo rodeaban. Aquel gallo se llamaba Juan.

 

-¡Hey Juan! –dijo su amigo Felipe, que por cierto era un caballo.

-¿Qué sucede amigo? – dijo algo preocupado – Juan.

-Lo que pasa es que vine a informarte que llegó un nuevo… bueno, un nuevo gallo, tú sabes… para cantar en las mañanas cuando el sol aparece perfectamente en aquellas montañas –dijo un poco desanimado-

-¿Qué? – Dijo con pena- Y… ¿sabes cómo se llama?

-Bueno… las vacas Micaela y Carolina, dicen que se llama Tito. – dijo algo distraído mirando hacia el lado- ¡Oh Juan! Mira eso.

-Juan, cambio su mirada adonde su amigo le acababa de decir- ¡Oh! bueno, al menos lo reciben de buena manera. –estaban todos sus amigos… digamos ‘’hablando a carcajadas’’ con aquel gallo ‘’Tito’’.- Felipe: gracias por informar. –dijo no muy convencido de aquello.

-De nada, y ¡oye! No te pongas triste, supongo que todo se arreglará y se harán muy buenos amigos. –Dijo eso para subirle el ánimo a su amigo.-

-Bueno… gracias por el consejo. De todos modos –suspiró- me iré a mi lugar preferido.

-Ok, cuídate –dijo marchándose, dejando al gallo entre sus pensamientos-

     ¿Por qué lo abran traído, si saben que me tienen a mí? “Esto es muy confuso a decir verdad’’ luego dejo de pensar eso por un momento, y fue a su lugar preferido… un árbol alto donde se veía perfectamente el atardecer, cuando el cielo está como anaranjado, celeste y violeta claro. Era su lugar favorito para pensar cosas y aprovechar que estaba solo en ese momento, sentía que lo ayudaba demasiado.

      Luego bajo y vió que estaba de noche, fue a despedirse de sus amigos cuando, se le acerca…

 

-¡Hola! –exclamó.

-¡Hola! –dijo algo sorprendido- Juan-.

-Lo siento por no presentarme, me llamo…

-Tito –lo interrumpió- me han hablado mucho de ti –dijo con una sonrisa fingida-

-¡Oh! Veo que te molesto por mi llegada…

-No, no… todo esta bien amigo… -lo interrumpió de nuevo y a la misma vez  hablo muy rápido.-

-Perdón si te hice algo malo, o te quité algo, no era mi intención. Solo vine a hablarte, para –hizo una pausa- para… que fuéramos amigos.

 

Juan estaba sorprendido, pensó que Tito era de esos tipos creídos, que sólo utilizaban a la gente y luego la dejaban, pero se dio cuenta que se equivocó…

 

-¡Oh bueno! Claro… es que pensé –suspiró- que eras de esos tipos creídos, pero ¡no! No lo eres, por eso mis amigos te rodeaban… eres muy simpático.

-¡Ha ja ja! –Se río- gracias por entenderme, tú igual lo eres. Es que en las otras granjas que eh estado todos me trataban pésimo, me juzgaban sin conocerme y me hacían bromas pesadas y… -suspiró- se le pusieron los ojos cristalinos. ¿Un gallo llorando? ¿Increíble no?...-

-No te preocupes amigo –dijo Juan-, aquí eres bienvenido y confía siempre en mí y en tus nuevas amistades de esta granja. ¿Para eso son los amigos, no? –Dijo subiéndole el ánimo-

-Gracias de verdad… y sí. Para eso están. –Dijo feliz Tito–

 

       Desde esa vez Juan y Tito se hicieron los mejores amigos, y desde aquel día Juan entendió que no debe juzgar a los nuevos animales o personas sin darse el tiempo de conocerlas. Bueno, se contaban todo, se reían, lloraban, jugaban, conversaban… ¡De todo hacían juntos!

Y desde esa noche, al medio día y todos los días. Los dos cantaron una  hermosa melodía, para despertar a todos los dormilones de la unida y pequeña granja.

 

    Recuerda: Juan aprendió lo siguiente; No Juzgues a los demás sin conocerlos, por que detrás de aquella persona, puede haber siempre un amigo en quien confiar.

 

 

 

Fin